El romanticismo literario se define como un movimiento que transforma la literatura al colocar al individuo y sus emociones en el centro de la expresión artística, rompiendo con las normas rígidas del neoclasicismo. Surgió a finales del siglo XVIII en Alemania en 1850 cuyo representante más destacado fue Johannes Wolfgang von Goethe con el Sturm und Drang, un precursor que enfatizaba la «tormenta e impulso» emocional, y se consolidó en el XIX extendiéndose por Europa y América. Sus características principales incluyen la subjetividad absoluta, donde el «yo lírico» del autor se manifiesta sin filtros; la exaltación del genio creador como figura profética e incomprendida; y la interpretación de la naturaleza como un reflejo simbólico del estado interior del poeta.
Origen del romanticismo y contexto histórico
El origen del romanticismo responde a un contexto histórico turbulento que los competidores apenas esbozan. La Revolución Francesa de 1789 y las guerras napoleónicas (1803-1815) generaron un vacío ideológico, la razón ilustrada prometía progreso, pero trajo caos social e industrialización. En Alemania, el Sturm und Drang (Herder, Goethe joven) inicia la rebelión contra la rigidez racional, en Inglaterra, Wordsworth y Coleridge publican Lyrical Ballads (1798), exaltando la naturaleza simple, en Francia, Victor Hugo escenifica el cambio con Hernani (1830), violando las tres unidades teatrales clásicas y provocando revueltas en París.
En España, llega alrededor de 1830, tras la Guerra de la Independencia (1808-1814) y el absolutismo de Fernando VII, que exilia a intelectuales liberales como José de Espronceda. El prerromanticismo español (1790-1830, con Quintana y sus odas patrióticas) prepara el terreno, evolucionando hacia un romanticismo dividido en liberal (rebelde) y conservador (tradicional).
Características del romanticismo literario: lo que lo hace único
La subjetividad domina, el poeta no describe el mundo externo, sino su percepción interna, creando un «yo lírico» confesional que revela dudas existenciales. La libertad formal rompe moldes con versos libres, octosílabos populares o romances anónimos revitalizados, contrastando con la métrica perfecta neoclásica. La naturaleza simbólica aparece personificada, el mar como libertad indómita o la noche como reino del misterio.
Otros rasgos incluyen el escapismo exótico (medievo, Oriente), el satanismo byroniano (rebelión contra Dios) y la melancolía por la fugacidad vital, por ejemplo, en Bécquer, la golondrina simboliza amores perdidos.
Temas recurrentes del romanticismo literario: amor, muerte y libertad
Uno de los temas recurrentes es el amor idealizado, es pasional pero trágico, como en las Rimas de Bécquer («Volverán las oscuras golondrinas»). La muerte impregna todo, no como fin, sino transición romántica, con sepulcros y ruinas evocando nostalgia histórica. La libertad choca con el destino en el héroe byroniano (marginal, apasionado y desafiante). El nacionalismo revive leyendas medievales, lo onírico introduce fantasmas y sueños, la soledad absoluta refleja alienación industrial.
Géneros y formas literarias: poesía y teatro
La poesía lírica predomina, odas apasionadas (Espronceda), rimas intimistas (Bécquer) y romances populares. El teatro romántico ignora unidades clásicas y aparecen dramas históricos como “Los amantes de Teruel” (Hartzenbusch) que mezclan épocas con duelos y celos, La novela histórica recrea batallas medievales, leyendas góticas (Bécquer, El monte de las ánimas) crean una atmósfera sobrenatural y artículos costumbristas (Larra) que critican la sociedad española.
Los autores y las obras más representativas fueron, en Alemania (Goethe, Fausto: pacto por saber infinito); en Inglaterra (Byron, Childe Harold: peregrinaje melancólico); en Francia (Hugo, Notre-Dame de París: amor deformado) y en España: Espronceda (El estudiante de Salamanca: don Juan ateo), Bécquer (Rimas y leyendas: magia cotidiana), Larra (Vuelva usted mañana: sátira burocrática) y Zorrilla (Don Juan Tenorio: redención).
Romanticismo español: lo nuestro, con matices únicos
España estaba saliendo de una guerra devastadora contra Napoleón, el país está dividido, la economía hundida y la sociedad en ebullición entre liberales (defensores de la Constitución de 1812) y absolutistas (leales al rey). Fernando VII exilia a muchos intelectuales progresistas a Inglaterra y Francia. Cuando regresan tras la muerte del rey en 1833, traen esa pasión rebelde, pero la mezclan con la realidad española, decadencia política, miseria social y una fuerte tradición católica.
División en dos corrientes principales: liberal vs. conservadora
A diferencia del romanticismo más homogéneo en Francia o Inglaterra, el español se bifurca claramente en dos ramas ideológicas:
- Romanticismo liberal (1830-1840): Rebelde, anticlerical y socialmente crítico, burocracia absurda, nobleza corrupta e Iglesia opresora. Predomina la rebeldía byroniana, ateísmo y amor trágico.
- Romanticismo conservador o tradicional (1840-1850): Más católico, patriótico y evasivo. Por ejemplo, José Zorrilla (Don Juan Tenorio) ofrece redención espiritual y valores tradicionales. En lugar de destruir la sociedad, idealiza el pasado medieval español y la fe.
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